Mi nombre es Macarena Valdés, yo nací el año en que supuestamente mi país volvía a la democracia.
Ese país es Chile, la obra maestra del neoliberalismo, una tierra en donde los valores capitalistas han calado profundamente en su inconsciente, convirtiéndose en un elemento de gran importancia en nuestra cultura.
Chile siempre ha sido un bicho raro en la región, un lugar en donde el desarrollo se mide solo a partir de factores económicos, en donde se reniega la propia cultura, sobrevalorando todo elemento que se relacione con el mundo europeo o anglosajón e, inclusive, discriminando a los compatriotas que poseen rasgos o apellidos de origen indígena.
Como podrán calcular, llevo casi 3 años como ciudadana chilena mas, del real significado de esta condición, mi generación y yo, entendemos muy poco.
Yo soy parte de la generación del “estoy ni ahí”, del grupo de la sociedad que protagonizó el fenómeno de las tribus urbanas, que creció con el proceso de globalización inserto en su diario vivir y, con ello, con el individualismo metido en el ADN.
Somos la generación que consolidó en la palestra de la discusión nacional la ahora famosa “apatía cívica”. Un grupo etáreo que no se interesaba por la política, ni menos por votar, y que había desechado de su mente toda acción colectiva que no fuera irse de vacaciones o salir a carretear con los amigos.
¿En qué momento de esta historia la cosa cambio tanto y pasamos de ser los apáticos a los indignados, se preguntará Ud? ¿Será que el terremoto movió más que un par de placas tectónicas y además de ciudades enteras también nos botó las vendas de los ojos?
Podría analizar muchas posibles causas, pero lo más interesante de esto no es el cómo sino el qué.
Chile hoy experimenta un despertar social, el cual ha llevado a millones de personas en estos últimos 5 meses a cuestionarse no solo el sistema educativo sino el modelo nacional completo. Este hecho nos ha inducido a tomar consciencia de nuestra actual cultura hedonista del consumo, permitiéndonos ver cómo Chile es gobernado en torno a una lógica de mercado y no a la de un Estado cuyo fin sea el bien común de la sociedad. Ejemplo de esto es precisamente la demanda que a levantado el movimiento social más grande desde la supuesta “vuelta a la democracia”, en torno a la Educación.
Nuestro sistema educacional está profundamente ligado y regulado en base a la lógica de la oferta y la demanda. Una prueba de ello es apreciable en el sostenido incremento de numerosas casas de estudio que emergen de cada rincón, abriendo nuevos cupos para estudiar cuanta carrera Ud desee.
¿No es ilógico que carreras con campos ocupacionales colapsados sigan aumentando su oferta de matrícula de forma casi exponencial? Además, lo peor, es que el nivel de formación ofrecido por estas instituciones es de una mala calidad evidente y altísimos costos para las familias.
La excusa para esta situación es que las entidades referidas otorgan mayor libertad, empero, una gran parte de su alumnado ingresa a ellas debido a la obtención de puntajes PSU deficientes a los requeridos, o por la seducción ejercida por las suculentas becas que las universidades privadas ofrecen.
Así, nuestro sistema educacional es perverso, careciendo de un modelo país que efectivamente sustente su organización y estructura, con el fin de orientarlo de acuerdo a las necesidades de la sociedad, y no a las del mercado.
Esto demuestra la necesidad de un cambio profundo en la dinámica que ha gobernado el país por tantos años. Requerimos de un gobierno que vele por el bien común de toda su gente, no solo por aquellos que hoy posee el poder económico y político. Empero, me parece imprescindible agregar que también requerimos de una sociedad que cuente con ciudadanos comprometidos e informados, que participen de forma activa en esta reestructuración, y no solo de voces invisibles que exclusivamente critiquen.
Es hora de construir y repensar el Chile que queremos. Esta es la salida que muchos de nosotros vemos a un conflicto que hoy parece no tener solución en el sistema actual, porque simplemente comenzamos a creer que este último no fue diseñado para ello.
Son los estudiantes los que hoy han despertado del cómodo adormecimiento que el consumismo y el individualismo produce, levantando la iniciativa de un proyecto alternativo para el país, cuyas convicciones, ideales y movilizaciones han puesto en jaque al gobierno y a todo el sistema.
Luego de 5 meses sabemos que no podremos alcanzan la victoria de nuestras demandas solos, necesitamos que el casi 90% de aprobación de la sociedad se traduzca en participación ciudadana, en acción colectiva.
El gobierno debe entender que es un ente representativo y que pese a su orientación ideológica, su fin es el bien común de nuestra sociedad. Nosotros, por nuestra parte, tenemos que recordar que somos parte de ella.
El gobierno debe entender que es un ente representativo y que pese a su orientación ideológica, su fin es el bien común de nuestra sociedad. Nosotros, por nuestra parte, tenemos que recordar que somos parte de ella.
Las soluciones no caerán del cielo.
Es cierto, hemos despertado y estamos de pie, ahora es tiempo de avanzar.