jueves, 5 de enero de 2012

Innovación Curricular.


Bases:

1.-  La OCDE y el Banco mundial sentencian que en nuestro país prevalece una estructura de educación terciaria rígida, anticuada y poco eficiente, en la cual predominan carreras profesionales muy largas, que limitan el espacio para los postgrados y las especializaciones profesionales. Para ello propone en su informe.
Hacer una revisión completa del currículo enseñando en instituciones de educación terciaria, con el fin de: i)identificar áreas en donde el currículo es innecesariamente inflexible y demasiado especializado y desarrollar un plan de acción para enfrentar estos problemas sin sacrificar la calidad general de los programas, ii) introducir elementos curriculares adicionales tales como trabajo en equipo, destrezas comunicacionales, consciencia intercultural, espíritu empresarial y aprendizaje en un segundo idioma a un alto nivel de competencia.

2.- Con estos fines se forma en nuestro país,el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC) el cuál, es un organismo público-privado que actúa como asesor permanente del Presidente de la República en materia de políticas públicas de innovación y competitividad, incluyendo el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la formación de recursos humanos y el emprendimiento innovador.

3.-  Para abordar las tareas señaladas por la OCDE y el BM se definen 3 soluciones:
i. Valoración académica de módulos de formación equivalentes en el espacio internacional de la Ed. Superior, de modo de facilitar la movilidad de estudiantes. Esto demanda la armonización de los procesos formativos (un ejemplo emblemático es el acuerdo Bolonia). ii. Definición de competencias que deben adquirir las personas tras cursar diferentes programas y niveles, lo que supone también certificación de los resultados de aprendizajes, lo que está en base de los sistemas de certificación de competencias laborales.
iii. La articulación de los distintos niveles de educación formal, básicamente el nivel técnico y el universitario.
Estas soluciones se realizan a partir del siguiente análisis del informe OCDE/BM:
Chile debería cambiar hacia un sistema de educación más flexible y mejor articulado entre los 3 tipos de instituciones existentes. Debería eliminarse el vínculo entre grados académicos y profesionales (como por ejemplo, el requisito legal de tener una licenciatura antes de obtener algunos grados profesionales); Chile debería dejar de tener una lista cerrada de 18 grados profesionales universitarios definidos legalmente, que tienen como requisito una licenciatura y que solo pueden ser otorgados por universidades. Las universidades y los institutos profesionales deberían tener la libertad de ofrecer los grados que son capaces ofrecer,  dentro de un marco amplio de 3 ciclos similares al proceso de Bolonia.
Debería haber una clara separación entre grados en educación y títulos profesionales, y desarrollar sistemas de certificación en campos relacionados con la salud, tecnología y leyes.
4.- El CNIC propuso, junto con la definición de competencias laborales- que se sustentan en la participación de los actores del mundo productivo orientado a los procesos formativos-, la creación de un sistema de calificaciones que ordene los perfiles de competencia que requiere el mercado y los asocie a los niveles de formación normada, constituyéndose de referente para el desarrollo y acreditación de la formación técnica y capacitación.
Coincide, el informe de la OCDE y el BM  con el Consejo  de Innovación sobre la profundización del nivel de involucramiento que debe tener el sector privado  con los programas e instituciones de educación terciaria, el cual plantea que:

Debería haber lazos más estrechos entre las necesidades de los empleadores y los programas académicos de las instituciones de educación terciaria, que incluyera la participación  y el compromiso de ambas partes. Los empleadores deberían involucrarse en mayor medida en: a) la dirección de las instituciones; b) la identificación de cursos nuevos relevantes y en el desarrollo y renovación de los currículos; c) las prácticas, como parte de los requisitos de los cursos (donde sea apropiado).

Nuestros procesos de innovación se basan en las competencias que los empleadores señalaron que debíamos tener y no en las necesidades de nuestro país ¿Dónde está ese informe?.

El proceso
La metodología general abordada por nuestra Facultad  fue diseñada de manera tal que en base a un informe que reunió principalmente la opinión de empleadores, egresados, entre otros, se debía diseñar un perfil de egreso. Luego de la validación de éste, se daría comienzo a la construcción de una matriz curricular (Hawes y Troncoso, 2007).
Durante este proceso, se supondría, habría gran participación de toda la comunidad Universitaria. Sin embargo, hoy podemos percatarnos de las numerosas irregularidades  tanto en el fondo como en la forma de la planificación para la transformación de nuestro currículo.
 
1.- El modelo de Innovación adoptado por nuestra Facultad fue impuesto por nuestras autoridades. Nunca se discutió en la comunidad Universitaria cuál sería la pauta de cambios más apropiada para nuestro plan de formación.
Hay una clara relación entre nuestro proceso de innovación y las recomendaciones del informe BM/OCDE. La introducción de la esencia de éste a nuestra Universidad se realizó a través de los MECESUP y luego, a través de pactos que hoy, sobrepasan a nuestras autoridades locales.

2.-  Pese a que la matriz curricular de numerosas carreras está prácticamente finalizada, los perfiles de egreso no han cumplido una sociabilización y validación mayoritaria de parte de sus respectivos estamentos estudiantiles. Paso que se supone, debía anteceder la construcción de la matriz curricular.

3.- En nuestra Facultad, existen dos carreras ya innovadas, las cuales, pese a las positivas evaluaciones realizadas por sus escuelas respectivas, no han presentado una evaluación formal del proceso al resto de la comunidad Universitaria.
Por otro lado, los estudiantes de éstas carreras en general, se quejan bastante sobre el exceso de carga académica y las dificultades que significan a su proceso de aprendizaje la sincronización de varios ramos en uno, de forma compactada.
A todo esto es necesario sumar la mala evaluación que los profesores del ICBM, ya hacen sobre el nuevo plan de estudio corroborando que la integración de los ramos básicos ha sido en realidad una sincronización resumida que no le brinda al estudiante los tiempos necesarios para realizar un correcto proceso de aprendizaje y que en la práctica, el traspaso de objetivos a competencias se ha resumido a un cambio en los verbos y sintaxis de los programas más que en un proceso de innovación curricular.
En consecuencia de ello, me parece vital contar con una evaluación de los resultados parciales del nuevo proceso formativo antes de que la población con plan curricular antiguo termine y no podamos contar con un grupo de control.

Conclusiones.
Me gustaría retomar uno de los principios de las recomendaciones del informe BM/OCDE para la Innovación curricular:
 ii) introducir elementos curriculares adicionales tales como trabajo en equipo, destrezas comunicacionales, consciencia intercultural, espíritu empresarial y aprendizaje en un segundo idioma a un alto nivel de competencia.

Tomo este punto porque realmente creo que dirigir nuestro plan de estudios hacia estos fines hoy es necesario pero, ¿ello no es posible en nuestro sistema actual de formación?
Creo que todos estaremos de acuerdo en que nuestra formación hoy requiere cambios de manera urgente. No podemos seguir siendo los mismos. El sello de nuestra Universidad debe recuperar la fuerza que ha perdido en los últimos años pero me parece que ese horizonte debe ser guiado por nuestro origen y no por las conveniencias internacionales.
 
La Universidad de Chile es una universidad pública  y por ello, sus planes de estudios debiesen ser construidos entorno a las necesidades de nuestro país y no moldeados según los requerimientos de un mercado que ha definido cuales son las competencias más rentables para los productos que esta casa de estudio debiese producir.
La Innovación curricular ha sido tratada en nuestra Facultad como un programa con marca registrada que es igual al plan impuesto por nuestras autoridades y no al consenso de una discusión de la comunidad universitaria (menos aún hemos escuchado a nuestros usuarios que finalmente serán los que reciban nuestros servicios).

Al leer el fondo del Proceso de INCURR me parece que el descontento que éste genera no es sólo las deficiencias en la metodología abordada durante su construcción sino, el hecho de que éste apunta no sólo a la transformación de los planes de estudios sino que también al cambio del sistema de Educación Chileno. El acortamiento de las mallas, la eliminación de contenidos básicos y las licenciaturas, la separación de los grados académicos y profesionales, entre otros, apuntan directamente a la tecnificación de nuestras carreras, alejándolas de la integralidad y solidez que por toda la historia de nuestra Universidad, las han caracterizado.

A pesar de todas las dificultades descritas y de manera irrisoriamente tardía, nuestras autoridades, a través del consejo de escuela, han resuelto abrir la discusión sobre el proceso de Innovación. Ante lo cual me pregunto, después de todos estos años ¿quién nos dice que ahora sí vamos a poder discutir sobre necesidades país e incidir realmente en un plan de innovación que evidentemente fue pactado hace años atrás? ¿Qué sentido tiene, más que “lavarse las manos”, el discutir ahora si éstos acuerdos sobrepasan ampliamente las facultades de nuestras autoridades locales y están tan cerca de ser concretados? ¿No será que sin darnos cuenta se ha acordado una nueva visión para la Universidad de Chile y para nuestro país, siendo éstas discusiones ya zanjadas sin nuestra participación?

No sé si podremos encontrar respuestas a todas las interrogantes que se han levantado en el último tiempo a propósito de éste tema pero lo que sí puedo afirmarles es que creo que el llamado “despertar social” que causó la movilización social por la educación el año 2011, no sólo puso en jaque al actual gobierno de Piñera.

domingo, 9 de octubre de 2011

De la apatía y el facebook a la revolución estudiantil: La metamorfosis de la generación del “estoy ni ahí”.

Mi nombre es Macarena Valdés, yo nací el año en que supuestamente mi país volvía a la democracia.

Ese país es Chile, la obra maestra del neoliberalismo, una tierra en donde los valores capitalistas han calado profundamente en su inconsciente, convirtiéndose en un elemento de gran importancia en nuestra cultura.
Chile siempre ha sido un bicho raro en la región, un lugar en donde el desarrollo se mide solo a partir de factores económicos, en donde se reniega la propia cultura, sobrevalorando todo elemento que se relacione con el mundo europeo o anglosajón e, inclusive, discriminando a los compatriotas que poseen rasgos o apellidos de origen indígena.

Como podrán calcular, llevo casi 3 años como ciudadana chilena mas, del real significado de esta condición, mi generación y yo, entendemos muy poco.

Yo soy parte de la generación del “estoy ni ahí”, del grupo de la sociedad que protagonizó el fenómeno de las tribus urbanas, que creció con el proceso de globalización inserto en su diario vivir y, con ello, con el individualismo metido en el ADN.

Somos la generación que consolidó en la palestra de la discusión nacional la ahora famosa “apatía cívica”. Un grupo etáreo que no se interesaba por la política, ni menos por votar, y que había desechado de su mente toda acción colectiva que no fuera irse de vacaciones o salir a carretear con los amigos.

 ¿En qué momento de esta historia la cosa cambio tanto y pasamos de ser los apáticos a los indignados, se preguntará Ud? ¿Será que el terremoto movió más que un par de placas tectónicas y además de ciudades enteras también nos botó las vendas de los ojos?

Podría analizar muchas posibles causas, pero lo más interesante de esto no es el cómo sino el qué.

Chile hoy experimenta un despertar social, el cual  ha llevado a millones de personas en estos últimos 5 meses a cuestionarse no solo el sistema educativo sino el modelo nacional completo. Este hecho nos ha inducido a tomar consciencia de nuestra actual cultura hedonista del consumo, permitiéndonos ver cómo Chile es gobernado en torno a una lógica de mercado y no a la de un Estado cuyo fin sea el bien común de la sociedad. Ejemplo de esto es precisamente la demanda que a levantado el movimiento social más grande desde la supuesta “vuelta a la democracia”, en torno a la Educación.

Nuestro sistema educacional está profundamente ligado y regulado en base a la lógica de la oferta y la demanda. Una prueba de ello es apreciable en el sostenido incremento de numerosas casas de estudio que emergen de cada rincón, abriendo nuevos cupos para estudiar cuanta carrera Ud desee.

¿No es ilógico que carreras con campos ocupacionales colapsados sigan aumentando su oferta de matrícula de forma casi exponencial? Además, lo peor, es que el nivel de formación ofrecido por estas instituciones es de una mala calidad evidente y altísimos costos para las familias.

La excusa para esta situación es que las entidades referidas otorgan mayor libertad, empero, una gran parte de su alumnado ingresa a ellas debido a la obtención de puntajes PSU deficientes a los requeridos, o por la seducción ejercida por las suculentas becas que las universidades privadas ofrecen.

Así, nuestro sistema educacional es perverso, careciendo de un modelo país que efectivamente sustente su organización y estructura, con el fin de orientarlo de acuerdo a las necesidades de la sociedad, y no a las del mercado.

Esto demuestra la necesidad de un cambio profundo en la dinámica que ha gobernado el país por tantos años. Requerimos de un gobierno que vele por el bien común de toda su gente, no solo por aquellos que hoy posee el poder económico y político. Empero, me parece imprescindible agregar que también requerimos de una sociedad que cuente con ciudadanos comprometidos e informados, que participen de forma activa en esta reestructuración, y no solo de voces invisibles que exclusivamente critiquen.

Es hora de construir y repensar el Chile que queremos. Esta es la salida que muchos de nosotros vemos a un conflicto que hoy parece no tener solución en el sistema actual, porque simplemente comenzamos a creer que este último no fue diseñado para ello.

Son los estudiantes los que hoy han despertado del cómodo adormecimiento que el consumismo y el individualismo produce, levantando la iniciativa de un proyecto alternativo para el país, cuyas convicciones, ideales y movilizaciones han puesto en jaque al gobierno y a todo el sistema.

Luego de 5 meses sabemos que no podremos alcanzan la victoria de nuestras demandas solos, necesitamos que el casi 90% de aprobación de la sociedad se traduzca en participación ciudadana, en acción colectiva.
El gobierno debe entender que es un ente representativo y que pese a su orientación ideológica, su fin es el bien común de nuestra sociedad. Nosotros, por nuestra parte, tenemos que recordar que somos parte de ella.

Las soluciones no caerán del cielo.
Es cierto, hemos despertado y estamos de pie, ahora es tiempo de avanzar.